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Ruinas del Castillo de Guardo

Fortificación guerrera del siglo IX que servía para controlar los movimientos de tropas por los caminos que cruzaban Guardo por los cuatro valles: Valdecastro, Valdelera, Corcos y San Miguel. Centinela y guardián de los valles del Alto Carrión durante la Reconquista hasta finales de la Edad Media, fue construido por los habitantes del pueblo y, por su estructura simple, no necesitaban grandes maestros.
 
El Castillo se levantó sobre un montículo desde donde se podía divisar los cuatro valles, anteriormente mencionados, por lo que su posición estratégica era perfecta para anticiparse a los posibles ataques. Dentro del castillo se encontraba la Iglesia de Santa María del Castillo, que permaneció en pie y uso hasta el siglo XIX, desapareciendo definitivamente. En su interior se encontraba la Virgen del Castillo, Nuestra Señora del Castillo, la más antigua y querida por los guardenses. Fue conservada durante años en la Iglesia de San Juan, de donde desapareció sin dejar rastro en el siglo XX.

Sin embargo, no es hasta el siglo X cuando Guardo aparece mencionado por primera vez, con el nombre de «Buardo» o «Boardo», como aldea vinculada al Monasterio de San Román de Entrepeñas, ubicado en Santibáñez de la Peña, en un documento de cesión de propiedad. El origen de este nombre hay que buscarlo en la expresión latina “Bocca ad arduum“, que significa la entrada a las alturas o al puerto. Guardo fue repoblada por Alfonso III y del año 1636 al 1801, Guardo perteneció a la provincia de Toro.

En el sistema defensivo de Alfonso I, esta villa suponía una posición estratégica que permitía controlar una extensa zona y cruce de comunicaciones.

Convertido en parte del señorío de los Condes de Saldaña, su castillo, situado en un estratégico otero en las orillas del río Carrión, sirvió para vigilar las posibles razzias musulmanas y controlar la frontera entre el Reino de León y el Condado de Castilla.

Dicho Castillo dividía los reinos de León y Castilla estando rodeado de una gran muralla que se mantuvo hasta 1895.

En el siglo XIII, el Rey Alfonso VII ordenó «mantener el castillo de Guardo y las huestes que lo habitan siempre guarnecidas». La fortaleza dispuso de una torre para vigilar el paso, una ermita dedicada a Nuestra Señora del Castillo y una necrópolis. El castillo estaba emplazado sobre un otero a 1.150 metros de altura. Pero no fue hasta mediados del siglo XIX, cuando ya arruinado, desapareció por completo. 

A día de hoy sólo se conservan los restos de una torre y de la muralla que le rodeaba. Al parecer las explosiones en unas canteras próximas provocaron el derrumbe de sus muros, cuyas piedras fueron empleadas en las obras del ferrocarril minero de vía estrecha Bilbao-La Robla.

Las excavaciones realizadas hace unos años permitieron sacar a la luz diversos restos de la torre, que parece seccionada horizontalmente. Todo el conjunto esta construido con mampostería.



Restos del castillo con vistas desde las alturas de Guardo. 

Restos muralla defensiva del castillo de Guardo.


Vista de la Iglesia de San Juan desde la zona del castillo.


Restos de la torre defensiva del castillo. 

Piedras del Castillo usadas para la construcción de las
vías del ferrocarril Bilbao-La Robla.